CONFIANZA QUE TERMINÓ EN TRAICIÓN: UN EMPLEADO DESAPARECIÓ CON DINERO DE UNA CARNICERÍA EN RAMOS MEJÍA
La dueña del local contó que el trabajador, con antecedentes penales, se había ganado la confianza durante más de un año antes de desaparecer con dinero y dejar una puerta abierta.

Un hecho de inseguridad y quiebre de confianza sacudió a una carnicería de Ramos Mejía luego de que uno de sus empleados desapareciera con dinero de la caja, tras haberse quedado solo en el local durante el horario de cierre del mediodía. El episodio fue relatado por Soledad, dueña del comercio, quien reconstruyó públicamente cómo se desarrollaron los hechos.
Según explicó, el trabajador había sido contratado tiempo atrás pese a contar con antecedentes penales por robo a mano armada, situación que él mismo reconoció desde el inicio. Aunque la decisión generó dudas iniciales, los dueños del local optaron por darle una oportunidad, convencidos de que las personas pueden cambiar y reinsertarse laboralmente.
Durante aproximadamente un año, el empleado se desempeñó sin inconvenientes y logró ganarse la confianza plena de la familia. Soledad aseguró que su conducta era intachable y que jamás habían tenido motivos para sospechar de él, al punto de destacar que confiaban plenamente en su palabra y en su trabajo diario.
Tras un conflicto con otro compañero, el hombre dejó el empleo, pero meses después regresó y fue reincorporado sin objeciones. Vivía en Moreno y debía trasladarse hasta Ramos Mejía, por lo que el viaje diario implicaba varias horas y un gasto económico considerable.
Ante esa situación, los dueños del comercio le ofrecieron quedarse en la carnicería durante el cierre del mediodía, para almorzar y descansar hasta la reapertura por la tarde. De ese modo, evitaba viajar de ida y vuelta y podía retomar la jornada laboral sin inconvenientes, una muestra más de la confianza que le habían brindado.
El problema se detectó el día del hecho, cuando alrededor de las cinco de la tarde el personal del turno siguiente llegó al local y notó que el trabajador no estaba. Además, advirtieron que faltaba dinero de la caja registradora y que la puerta trasera de la carnicería había quedado abierta.
El lugar donde el empleado solía descansar durante la siesta quedó señalado como el último espacio en el que fue visto antes de desaparecer. Para los dueños, el impacto no fue solo económico, sino también emocional, al tratarse de una persona a la que habían integrado con confianza, apoyo y oportunidades.
El caso expone una vez más la tensión que enfrentan muchos comerciantes entre la voluntad de dar segundas oportunidades y el riesgo de ser víctimas de nuevos hechos delictivos. En este episodio, la confianza depositada terminó quebrada, dejando una experiencia amarga que difícilmente será olvidada por quienes apostaron por la reinserción laboral.
Compartir este contenido:




Publicar comentario