La megaestafa de Induplack: la trama criminal que arruinó los sueños de cientos de familias argentinas
Lo que comenzó como un “negocio seguro” para acceder a la vivienda propia terminó revelándose como una maquinaria de estafa sistemática, ejecutada con frialdad quirúrgica por un clan familiar y colaboradores que, según la Justicia, actuaron bajo una estructura organizada y deliberada durante años.

Durante años, un entramado empresarial cuidadosamente diseñado funcionó a plena luz del día, prometiendo soluciones habitacionales mientras ejecutaba un fraude sistemático y millonario.
La primera etapa: el modelo perfecto para engañar
Nada fue improvisado. El grupo detrás de Induplack construyó un esquema pensado para sembrar confianza: proyectos atractivos, promesas de entrega rápida, contratos prolijos, oficinas montadas y vendedores entrenados para cerrar operaciones con rapidez.
El clan L’Abbate —Vito, Emanuel, Santiago y Juan Ignacio, junto con Patricio Gastón Flores— manejó una red de sociedades anónimas y SRL que rotaban autoridades, direcciones y nombres para dificultar cualquier rastreo. En varias figuraban familiares y allegados, como Carolina Carnevale, socia en al menos siete empresas con Emanuel L’Abbate. Pese a su rol en el entramado, aún no fue citada a declarar, aunque se encuentra imputada.

La maniobra: departamentos vendidos hasta seis veces
El mecanismo era simple, violento y eficaz: captar víctimas desesperadas por una vivienda y venderles departamentos inexistentes, en obra o incluso ya vendidos varias veces. Investigaciones judiciales revelan que en algunos casos un mismo inmueble fue comercializado hasta seis veces.
Las víctimas son jubilados, jóvenes, familias y trabajadores que entregaron ahorros de toda una vida, se endeudaron o vendieron bienes para acceder a su supuesto hogar. La mayoría terminó igual: sin departamento, sin dinero y sin respuestas.
El estallido del fraude y el inicio del derrumbe
La estructura empezó a desmoronarse cuando rebotaron cheques por más de 115 millones de pesos. Desde ese momento, los reclamos se multiplicaron y las víctimas comenzaron a organizarse. Entre 2023 y 2025, la causa creció de forma exponencial hasta obligar a la Justicia —en septiembre de 2025— a unificar querellas por la magnitud del expediente.
El clan quedó imputado por estafa agravada, desbaratamiento de derechos acordados y asociación ilícita.

Las detenciones: un clan acorralado
Durante 2025, la investigación avanzó con varias detenciones clave:
- Vito L’Abbate
- Emanuel L’Abbate
- Santiago L’Abbate
- Juan Ignacio L’Abbate
- Patricio Gastón Flores
Muchos intentaron evitar dar explicaciones: se negaron a declarar, dilataron trámites y sostuvieron que todo se trataba de “conflictos comerciales”. La Justicia desestimó esa versión: el patrón de maniobras, sociedades cruzadas y ventas múltiples configuraba una verdadera organización criminal.
El rol de Predial: los Brodsky en la mira
El expediente también alcanzó a la inmobiliaria Predial, dirigida por Pablo y Gabriel Brodsky. Aunque un fallo de agosto de 2025 señaló que aún no había mérito para procesarlos ni sobreseerlos, en octubre una querella presentó documentación que vinculaba a uno de ellos con una cuenta offshore presuntamente usada para desviar activos. La nueva línea de investigación volvió a ponerlos bajo lupa.

Noviembre 2025: movimiento en Tribunales
En el Juzgado Criminal y Correccional N° 40 el caso no se detiene. Un documento fechado en noviembre de 2025 confirma nuevos requerimientos: análisis de libros contables secuestrados, apertura de incidentes y medidas para rastrear bienes.
Mientras tanto, las víctimas continúan acercándose a Tribunales. Algunas llevan cinco años esperando una resolución. Muchas perdieron todo: ahorros, estabilidad emocional y el sueño de un hogar propio.
Una herida social que todavía no cierra
El caso Induplack no es solo una estafa inmobiliaria: es una tragedia social. Expone las fallas del Estado, la ausencia de controles y la vulnerabilidad de miles de personas que confiaron en promesas que nunca debieron haberse autorizado.
Cuando el escándalo salió a la luz, ya era demasiado tarde.
Hoy, sus responsables buscan despegarse, victimizarse o mover fondos fuera del país, mientras cientos de damnificados siguen pagando alquiler, endeudados y sin respuesta.
La pregunta sigue siendo la misma:
¿Cuánto más deberá esperar la gente para que haya justicia y reparación?
Por ahora, la respuesta no llega. Lo que sí está claro es que Induplack se convirtió en una de las estafas más devastadoras de los últimos tiempos, y que las víctimas no piensan rendirse: exigen verdad, condenas efectivas y restitución económica.
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