Villarruel rompe filas con Milei y otorga un bono de $500.000 en el Senado: una decisión que la aleja del proyecto libertario
La vicepresidenta volvió a desmarcarse del Gobierno y habilitó un pago extraordinario para la planta permanente de la Cámara Alta. En plena batalla contra el gasto político, su decreto es leído como un gesto de traición al rumbo del Presidente.

La tensión dentro de la cúpula del poder libertario ya dejó de ser un rumor. Victoria Villarruel, presidenta del Senado y compañera de fórmula de Javier Milei, decidió avanzar por un camino propio: firmó un decreto que otorga un bono extraordinario de $500.000 para los trabajadores de planta permanente de la Cámara Alta.
La medida —que no incluye a los senadores— se tomó en un momento en el que el Gobierno nacional impulsa su política más emblemática: reducir el gasto político, recortar privilegios y terminar con el empleo público improductivo. Villarruel hizo exactamente lo contrario.
El decreto legislativo 604/2025, firmado sin consulta previa con la Casa Rosada, ofrece un plus “extraordinario, único y no remunerativo” para un sector del Estado que Milei busca ordenar y modernizar. Desde el oficialismo duro lo leen como un gesto claro: Villarruel decidió desalinearse del proyecto de la Libertad Avanza.

En sus considerandos, la vicepresidenta habla de “mejorar las condiciones de trabajo” y del “bienestar del personal”. Para los libertarios más puros, el mensaje es otra cosa: la segunda autoridad del país justifica un incremento del gasto público en un momento crítico, cuando el Presidente exhibe resultados concretos en la reducción del déficit y la caída de la estructura del Estado.
La decisión llega en medio de un contexto salarial complicado para el sector público, que Milei insiste en ordenar con criterios de meritocracia y eficiencia. El Presidente ya había tenido cruces con Villarruel por discusiones sobre dietas y salarios legislativos. Este nuevo movimiento vuelve a encender la alarma: la vicepresidenta elige priorizar una agenda propia y no la del Ejecutivo.
Mientras el Gobierno sostiene que el Estado debe achicarse, profesionalizarse y dejar atrás los privilegios, Villarruel habilita lo que en la Rosada consideran un retroceso conceptual. No sorprende que en el círculo libertario se repita una palabra incómoda pero creciente: traición.
La Casa Rosada mantiene firme su hoja de ruta: austeridad, eficiencia y fin del desangre fiscal. La vicepresidenta parece haber tomado otro camino. Y el impacto político ya se siente: dos liderazgos, dos estrategias y un quiebre cada vez más evidente.
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